Árbol Gordo Editores

domingo, 2 de octubre de 2016

Mirá

-Mirá esos putos.
-¿Cuáles?
-Aquellos dos.
-¿Cómo sabés que son putos?
-No sé, debe ser por la ropa...
-¿Por la ropa? Si tienen ropa de gimnasia.
-Tenés razón, deben ser las zapatillas, muy colorinches.
-¿Las zapatillas? ¡Pero si son esos botines de fútbol fluorescentes que se pusieron de moda!
-Cierto, no me había dado cuenta. Debe ser por el pelo, mirá cómo tienen el pelo.
-Pero Armando, ¿qué decís? Si tienen el pelo bien cortito, peinadito para el costado, como lo usa el hijo de la Gladis, que va a la escuela de policías.
-Mhm... tenés razón. Debe ser por los gestos que hacen.
-¿Qué gestos, Armando? Si están tomando una Cabalgata de pomelo mientras conversan.
-Entonces... entonces debe ser cómo se miran. Mirá cómo se miran, Liliana. Directo a los ojos. El morochito dice algo y el otro sonríe y baja la vista, y ahora la levanta y mirá, mirá como le clava los ojos, todavía mostrándole los dientes, como atontado, como si estuviera contento. ¡Mirá cómo le brillan las pupilas, Liliana! Y mirá cómo lo sigue con la vista cuando el otro se distrae un minuto, cuando se queda observando la plaza de ahí enfrente, o cuando toma un sorbito de pomelo. Es como si por dentro estuviese muriéndose de las ganas de darle un beso...
-Ahora que me fijo bien... ¡tenés razón, Armando! Y mirá lo que hace el otro: mientras el morochito habla, hace dibujitos en la mesa con el agua que transpira de la botella... Creo que está dibujando corazones... Y fijate ahora, parece que le está diciendo que el día está lindo, ¿o que él está lindo? y el morocho... se muerde los labios, ¡y larga una carcajada! ¡Dios mío, nos engañaron, Armando! ¡Estos chicos no son putos!
-¿Ah, no? ¿y qué son?
-¡Son novios!

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