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miércoles, 15 de junio de 2016

El monstruo rosa

Hoy fui a comprar sobres y pagar me llevó, aproximadamente, diez minutos. No, no había mucha gente adelante. En realidad sólo una mamá y su hija, comprando un regalito de cumpleaños para una compañerita. Un regalo de nena, obvio. Una muñeca preciosa y flaquita que costaba un fangote de guita. Y entonces pusieron la muñeca en el sobre de regalo, rosa clarito, ¡y comenzó la tragedia! "¡Me vas a matar!" dijo la chica que atendía, poniéndose muy nerviosa, y yo pensé que, mínimo, le había informado mal el precio del producto o le había roto el embalaje. Pero no, la tragedia era aún peor: ¡no había moñito rosa para el paquete! Minutos enteros perdidos revolviendo estantes y vidrieras que terminaron en una vendedora exhausta, ofreciendo un moñito rojo, y una madre ofuscada, aceptándolo de mala manera. Y yo ahí atrás, ensombrecido por la consciencia de que los monstruos más peligrosos pueden esconderse hasta en los regalos de cumpleaños.

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