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viernes, 29 de abril de 2016

Esas cosas

Hola Juan. Me llamo Diego.
Ojalá leas mi mensaje, estoy muy triste.
Soy profesor de arte y sociólogo y hace muchos años me vine a vivir a Mendoza porque me enamoré. Acá no conocía a nadie, imaginate.
Medio a los ponchazos armé un proyecto para dar clases en centros culturales y me fui a golpear puertas por todos lados, presentándome, con la vergüencita que nadie puede negar cuando está en la lona y necesita laburar. Vos sabés. Así, con las cejas apenas levantadas y los ojos brillantes, pero convencido de que uno es bueno en lo que hace.
Así conocí a una directora a la que mi idea de enseñarle a los pibes a reflexionar a través del arte le pareció copada y me dio una mano grande para que Nación me pague un contrato por horas de talleres comunitarios.
Jamás podría explicarte lo que se siente ser testigo de la miseria a la que la falta de oportunidades condena tantas mentes tan jóvenes y brillantes. Pero yo estaba seguro de que podía ayudar. Yo confiaba en esos pibitos.
En cinco años, solamente falté a trabajar dos veces, Juan.
La primera vez fue el martes que me enteré que soy HIV positivo. Me quedé sentado un rato largo contemplando el vacío en ese consultorio de azulejos blancos y la voz del médico era eco incomprensible en mi cabeza.
La segunda vez, fue el viernes que Martín y yo nos casamos. Martín, al que mis amigos porteños todavía le dicen "El mendo" aunque ya hayan pasado como ocho años desde que nos vinimos a vivir acá.
Hoy tampoco fui a trabajar. Bah, sí, fui.
Fui pero me dijeron que el taller se había levantado.
Fui pero me dijeron que el programa ya no tenía plata para esas cosas. "Esas cosas", dijeron, Juan.
Fui pero me enteré que estaba despedido.
Falté dos veces nomás, Juan.
Ojalá leas mi mensaje, estoy muy triste.

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