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domingo, 18 de diciembre de 2016

La transpiración de los hipopótamos (La parte honda del río III)

Hola Sarita, ¿cómo estás? Te cuento que yo estoy muy contento porque al final, las vacaciones llegaron más rápido y la semana que viene mi mamá me va a venir a buscar para llevarme a casa.
La tía Nora dice que las vacaciones llegaron más rápido por culpa de las señoritas de la escuela, que están de paro porque el presidente no les pagó el sueldo, pero ella no sabe que vos te pusiste el pulóver para que el invierno se confunda los días y llegue más rápido.
La tía también dice que las señoritas tienen que agradecerle a Dios que tienen trabajo y que tienen que dejar de ser tan vagas y yo le conté sobre tu mamá, le dije que a ella tampoco le pagan el sueldo y que lee mucho y que tiene un montón de libros y que por eso vos sabés tanto sobre los animales y que se tiene que ir a la escuela caminando como más o menos cincuenta y cinco cuadras.
La tía no me hizo caso y me dijo que si le volvía a contestar me iba a dar una cachetada. Lo que pasa es que está muy nerviosa porque mi tío Antonio toma mucho vino y se va a dormir a otra casa. ¿Sabías que los hurones duermen veinte horas por día? A veces, yo también quiero dormir mucho, así puedo soñar muchas cosas y los días pasan más rápido hasta que volvamos a encontrarnos. Vos igual seguí poniéndote el pulóver, por las dudas.
Te cuento que lo primero que voy a hacer cuando llegue es ir a buscarte a tu casa y llevarte a Ñangapirí para que te cuide a vos. Es re valiente, Ñangapirí. A mí ya me cuidó un montón y los bichos negros se fueron para siempre y ya no tengo más miedo de dormir en la casa de mis tíos con la luz apagada ¡y menos ahora! que falta re poquito para volver.
Le dije a mi prima Lucrecia que iba a ir a pasar las vacaciones con vos y me dijo que qué aburrido, que las vacaciones son para que la gente se vaya de viaje a Brasil o a Mar del Plata, y yo le dije que sí, que tenía razón. Total, para qué iba a pelear. Ella no sabe que si cerramos los ojos podemos ir mucho más lejos que Mar del Plata. Ella no tiene idea de nuestro escondite secreto en la parte más honda del río.
¿Qué estás haciendo?, me dijo Augusto, y como yo no lo había escuchado entrar, me asusté. ¿Qué estás escribiendo?, insistió, y yo me apuré a meter la carta abajo de la manta porque abajo de las mantas hay como otro mundo, donde los secretos están a salvo.
¡Mostrame!, me exigió, y se me vino encima y yo no pude hacer nada porque Augusto es más alto y más ancho y tiene mucha fuerza y me agarró de la remera y me tiró al piso así nomás, como si yo fuera una hormiga de la plaza que se había trepado a un mantel de picnic para robarse las miguitas de las galletitas dulces.
¡Dame! ¡dame! gritaba, mientras desarmaba mi cama buscando la carta que le estaba escribiendo a Sarita. ¡Dame! ¡dame! protestaba porque no la encontraba y como yo no respondía, Augusto se puso muy rojo, como si tuviera ganas de pararse arriba de mi cabeza y hacerla explotar y tanto gritó, que la tía Nora vino corriendo a ver qué pasaba.
¿Qué estás haciendo en el piso?, me dijo cuando llegó, pero yo no pude responderle porque Augusto empezó a gritar ¡mirá, mami! ¡mirá, mami! y yo también miré y él tenía la carta que le estaba escribiendo a Sarita toda arrugada en el puño.
La tía Nora la agarró y se puso los anteojos (que le colgaban de una cadenita alrededor del cuello) y empezó a leer y yo no sé cómo me animé a gritarle ¡eso es mío!, pero ella ni me miró. Siguió leyendo y leyendo y leyendo y yo veía que ponía unas caras feísimas.
¿Así que tu tío Antonio toma mucho vino, pendejo de mierda?
Una vez mi mamá me dijo que cuando tirás una piedra contra un vidrio, el vidrio ya esta roto, aunque la piedra todavía no lo alcance.
¿Así que yo estoy muy nerviosa?
Me dijo que lo que rompe el vidrio no es la piedra, sino las ganas que tenés de ver el vidrio roto.
¿Así que querés dormir veinte horas porque no querés estar acá, negrito malagradecido? ¡Mirame cuando te hablo!
Cuando levanté la cabeza, vi que de la boca de la tía Nora salían un montón de piedras. Piedras negras, grandes como un puño, que se me venían encima más fuerte que la lluvia que cae de noche cuando a la siesta hizo mucho calor.
Me di cuenta que la tía quería romperme.
Lo que pasa es que la tía Nora está muy nerviosa porque anoche le dijo a mi tío que no tomara más vino y mi tío le dijo callate la boca, insecto.
A mi me gustan los insectos porque Sarita me contó que tienen una cosa que se llama exoesqueleto, que es como tener una armadura. Pero la tía Nora no es un insecto. Ella no tiene armadura y por eso mi tío la hizo llorar, pobre.
¿Cómo te atrevés a contarle a una completa extraña la intimidad de la familia que te está ayudando? Pasame el cinto Augusto. ¿Vos sabés lo que le cuesta a tu tío y a mí hacerte un lugar acá para que tu papá no te mate a golpes? ¿Vos te pensás que a tu tío le regalan la plata de la cuota de fútbol que tiene que pagar para que vos vayas a arreglarte un poco?
Yo no entendía muy bien lo que me quería decir la tía porque estaba más preocupado por Augusto, que había salido corriendo y ahora volvía con una sonrisa de oreja a oreja y el cinto negro del tío Antonio en la mano.
Mi materia favorita de la escuela es inglés porque la señorita dice que es como aprender sinónimos para decir las mismas cosas pero en otros países. Le intenté escribir una carta en inglés a mi mamá pero todavía no me sale muy bien. Igual, ya no me gusta más ir a inglés porque es a la tarde y los chicos de la escuela me esperan a la salida y por suerte mis tíos viven cerca y casi siempre me escapo, pero cuando me agarran, me pegan re fuerte.
Yo tengo miedo de los dos lados de la puerta porque me parece que la tía Nora me pega por lo mismo que me pegan los chicos de la escuela. Por lo mismo que me pegó mi papá el día que mi mamá se agarró el pecho y lo llamó al tío Antonio y le pidió que por favor que me llevara con él.
Me hice una bolita contra el ropero y me tapé la cabeza con las manos y la tía me seguía tirando piedras y cuando las piedras caían al piso se hundían, porque el piso era de agua y las piedras eran como burbujas y cerré muy fuerte los ojos y vi un montón de colores.
Y todos esos colores se convirtieron en Sarita.
¿Sabés de qué color es la transpiración de los hipopótamos? me preguntó Sarita una siesta que nos quedamos conversando tirados en el pasto.
Rosada, me dijo, y yo le dije que me dolían los brazos y ella me dijo que los hipopótamos nacen bajo el agua y yo le dije que tenía miedo porque la tía estaba muy enojada y ella me dijo que el nombre de los hipopótamos significa caballo de río y yo le dije que Augusto le pidió a la tía que me pegue más fuerte y ella me dio la mano y me miró a los ojos y me dijo que la tía Nora no sabe llegar a la parte más honda del río y yo le pregunté si los hipopótamos saben y me dijo que sí y a mí los brazos también me estaban sudando rosado, porque el cinto negro del tío Antonio tiene una hebilla re grande, y se los mostré y Sarita se murió de risa y me abrazó y me dijo ¡te convertiste en hipopótamo!

4 comentarios:

  1. Gina Guzman20/12/16 14:55

    ¡Totalmente hermoso!
    Necesito saber qué más sucede...

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  2. Esto me hace llorar y me hace mimos en el alma...

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  3. Maravillosamente triste! Que bello relato!

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  4. Maravillosamente triste! Que bello relato!

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